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martes, 9 de junio de 2015

Fisterra, ¿epílogo o inicio del Camino de Santiago?



  “El verdadero crítico es aquel que lleva consigo los sueños e ideas y sentimientos de miríadas de generaciones, aquel a quien no le resulta extraña forma alguna de pensamiento ni oscuro impulso emotivo alguno” -Oscar Wilde-.

  “Solo tenemos personalidad individual y cultural en la medida en que asumimos nuestro pasado, sus valores y símbolos, y somos capaces de reinterpretarlo.(...) El conocimiento es imitación y la única diferencia entre ambos es, según lo que escribió Nietzsche, que la inspiración se sumerge libremente en el vértigo del traslado mientras que el conocimiento intenta fijar la impresión sin metáforas, sufriendo así un proceso de petrificación: queda así expresada y estampada y conservada en forma de concepto. No existe expresividad sin metáfora”-Ricoeur-


  Muchos peregrinos cuando llegan a Santiago, continúan hasta Fisterra como de si de un epílogo del Camino se tratase.
  Pero, ¿y si Fisterra fuese el inicio y no el final o ambas cosas?
  Todos los expertos que han escrito sobre el Camino de Santiago están de acuerdo en un punto: hubo una ruta anterior al fenómeno de la peregrinación que conducía a gentes de toda laya y condición, al Finisterre, al Ara Solis, a la muerte temporal del Sol, en un viaje de este a oeste por la Galicia mística de los viejos cultos al Sol y a la piedra.
Galicia es la Ítaca del Camino jacobeo según Sánchez Dragó, quien además ve en ese viaje iniciático, una reconstrucción del mito de Osiris.
  El Camino hoy como antaño es un camino de transformación, de luz interior, o no es. Y toda transformación exige un morir para renacer renovado. El Camino por tanto es un viaje de oca a oca que va desde la visita a la tumba del Apóstol Santiago el Mayor hasta la tumba del sol engullido por el Mar Tenebroso, donde se creía que iban las almas cuando se morían, una metáfora de la vida y de la muerte sin duda. Galicia es el país de los muertos, la frontera entre el mundo terrenal, el infierno que se encontraba donde el sol se escondía, y el edén, ultreia los mares. Perfecta weltanschauung (visión del mundo) cristiana de la Edad Media.

  Las piedras para el hombre primitivo eran símbolo de perennidad, de energía, de fuerza. En Galicia las piedras horadadas tenían reminiscencias de origen pagano que las dotaba de poderes curativos y fertilizantes. En Muxía podemos ver ese culto de litolatría anudado a la leyenda de la aparición mariana en vida al Apóstol, a bordo de una embarcación de piedra, convertido por el cristianismo en lugar de culto en el Santuario de la Virgen de la Barca.

  Humilladeros y milladoiros jalonan todos los caminos de Santiago. El milladorio tiene en la lengua gallega distintos significados: como humilladero, cruceiro y oratorio (pequeña capilla). Los milladoiros se definen como montones de piedrecitas testimoniales formadas por acumulación de las que dejan los caminantes al pasar por un punto concreto y con intenciones o ritos diferenciados. Es preferible hablar de milladorios por su mayor riqueza semántica, y usar el término humilladero para referirse exclusivamente como lo define el Rae, al: “lugar devoto que suele haber en las entradas o salidas de los pueblos y junto a los caminos, con una cruz o imagen”. El humilladero por antonomasia sería la Cruz de Ferro de Foncebadón.
  Si la piedra y el sol constituían los ejes angulares de un camino anterior al descubrimiento de la tumba del Apóstol, tenemos que hablar igualmente de que dicha ruta no solo discurría en horizontal, es decir, pisando la tierra, sino que además la mirada del caminante apetecía de la verticalidad, de los cielos, de la Vía Láctea, del Campus Stellae. Por otra parte, el peregrino se acreditaba como tal con una concha venera, como algo que venía de las aguas, como la llegada de Venus a la playa después de nacida de los genitales de Urano cortados por su hijo Saturno y arrojados al mar.
  Y seguimos por la senda de las leyendas. Alfonso X el Sabio vinculó la figura de Hércules a España en su Estoria de Espanna, y sea como fuere su huella nos da claves para entender todo el relato mitológico previo al descubrimiento del sepulcro del Apóstol.
  Zeus le fue infiel a Hera con Alcmena, con quien concibió a Heracles (Hércules en la tradición latina), pero para convertirse en inmortal, debía de ser amamantado por la esposa traicionada. Una tarde, paseando con Atenea, encontraron al niño descansando en la hierba y al contemplar su hermosura, fue convencida por Atenea para que lo amamantase. Heracles chupó la leche con tal violencia, que al herir a Hera, lo retiró de su seno violentamente, pero su leche siguió fluyendo formando la Vía Láctea.
  La senda de las estrellas, el camino en vertical siempre al occidente, al Finis Terrae, fue formado pues en la Cosmogonía grecolatina, por Hércules.
  El décimo trabajo de Hércules consistió en conseguir los rebaños de Gerión y navegar hasta las islas de Eritrea. Para ello, se enfrentó a la masa rocosa, confín del Mare Nostrum y puerta infranqueable del enigma. Alzó su mazo y rompió la montaña permitiendo que el mar, estancado y cerrado, sin posibilidad de comunicar sus aguas con el océano, se unieran. Así quedaban rotos el secreto y el misterio, más allá la Atlántida, y el Jardín de las Hespérides. Para dar testimonio de su hazaña, la montaña hendida, quedó flanqueada por sus dos columnas: Calpe (Gibraltar) y Abila (monte Hacho, Ceuta).
  El cuerpo decapitado de nuestro Apóstol navegó desde Palestina hasta las columnas de Hércules (la denominación de Estrecho de Gibraltar llega con la invasión árabe) y bordeó la costa portuguesa hasta llegar a la Ría de Arosa y desembarcar en Padrón.
  Nuestro héroe se enfrenta igualmente al gigante Gerión en La Coruña con el fin de liberar al pueblo de su poder despótico y defender a sus mujeres, construyendo un enorme faro (Torre de Hércules) para conmemorar su victoria y dando dicho nombre a la ciudad en honor de Crunia, mujer de la que se enamoró. Nuestro Apóstol intervendría posteriormente en la Batalla de Clavijo en defensa de Ramiro I de Asturias, quien se negó a dar el tributo de las cien Doncellas a los musulmanes con Abderramán II al mando.
  Por otra parte, recordemos que se atribuye la fundación de la ciudad de Noia a los descendientes de Noé y su hijo Jafet tras el diluvio, y que su escudo lleva el Arca como seña de identidad.
  Galicia es pues el occidente soñado y temido, pero siempre misterioso, de manera que todo camino esotérico y gnóstico debe llegar hasta los confines del occidente frente al Mar Tenebroso. En este sentido, sin duda alguna, Finisterre y Muxía son el epílogo del Camino. Pero todo creyente de religión exotérica -con x- (las del libro tal y como las conocemos: Biblia, Corán, Torah), requiere de un bautismo como medio de alcanzar la gracia, y el bautismo en sentido etimológico significa inmersión en el agua, para renacer una vez que se vuelve a respirar, después de una pequeña muerte. El Mare Tenebrosum formaría pues en compañía del Sol y de la piedra, el perfecto argumento del designio, argumento teleológico en favor de la existencia de Dios, válido para los gnósticos y para los cristianos de fe. En su sentido exotérico, Finisterre y Muxía son pues, el inicio del Camino para los creyentes.
  Recordemos que se puede conseguir la Compostela caminando desde Finisterre/Muxía siempre y cuando se incluya dicha etapa intermedia. El Camino sea como fuere es un caminar hacia el oeste, un final esotérico y un inicio exotérico frente a uno de los primeros templos marianos de España: el Santuario de la Virgen de la Barca, en definitiva, una muerte para renacer renovado a la vida. “Gracias meu Señor Santiago, a vosos pes me tés xa. Se queres tirarm a vida, pódesma Señor tirar”-Don Gaiferos de Mormaltán-.
¡Buen Camino, siempre, ultreia!