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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Pujol y Mas en Egina. Junts pel No



  “Por mediación de Arquitas llegó Platón a la corte del tirano de Siracusa, Dionisio I. Tuvo la pretensión de mover a este príncipe a hacer realidad en su Estado los ideales ético-políticos que él acariciaba. Pero el autócrata resultó ser demasiado débil y desordenado para hacer regla de su conducta la razón en vez del capricho. La aventura terminó en que por intrigas de Dionisio, Platón fue vendido como esclavo en la plaza pública de Egina. Felizmente para Platón, en aquel difícil trance fue casualmente descubierto y rescatado por un socrático de la escuela de Cirenne, Anníceris. Vueltos los dos amigos a Atenas, quiso Platón devolver el precio de su rescate; pero Anníceris se negó a aceptarlo, y entonces Platón con aquel dinero adquirió unos jardines contiguos al santuario del héroe Academo, y allí fundó su Academia en 387. Si todo sucedió tal como se nos narra, resultaría que la primera universidad europea se levantó con el dinero de la venta de un filósofo”.-Johannes Hirschberger-.

  El sitio de Barcelona se produjo entre el 25 de julio de 1713 y el 11 de septiembre de 1714. El combate enfrentó a los partidarios del Archiduque Carlos y a los partidarios de Felipe V y sus aliados franceses.

  Antonio de Villaroel fue el jefe militar de la defensa de Barcelona, y arengó así a sus tropas: “Señores, hijos y hermanos: hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo su rey, la fe de su religión y sus privilegios”.
  Por su parte, Rafael Casanova arengó igualmente a la tropa: “se confía con todo, que como verdaderos hijos de la patria y amantes de la libertad acudirán todos a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España”.

  Tarradellas pronunció su histórica frase de Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí, el 23 de octubre de 1977 en el balcón de la Generalidad con una propuesta muy simple: reconciliación y afirmación de que catalanes eran todos los ciudadanos que vivían en Cataluña. El 2 de noviembre de 1985, en el diario EL PAÍS, el periodista José Antich, reproduce el contenido de un encuentro del Grup Periodístic Barcelona, con el Molt Honorable Senyor Tarradellas: “El ex presidente de la Generalitat, aconsejó a su sucesor, Jordi Pujol, que dimitiera de su cargo cuando el fiscal general del Estado presentó una querella contra 25 ex directivos de Banca Catalana, entre ellos el propio Pujol, y le ofreció, si así lo hacía, su apoyo y una declaración pidiéndole que regresara. Pujol negó ayer mismo la veracidad de esta afirmación. En unas declaraciones hechas a un grupo de periodistas barceloneses el jueves por la noche, Tarradellas afirmó: La gente se olvida de que en Cataluña gobierna la derecha; que hay una dictadura blanca muy peligrosa, que no fusila, que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte”.

  Sobre la querella de Banca Catalana, escribió Jordi Solé Tura en el diario EL PAÍS el 27 de mayo de 1984: “Se discute ahora sobre la oportunidad de la querella. Es posible que éste no sea precisamente un momento oportuno, pero no se trata solo de un problema de oportunidad. Este asunto tenía que haberse planteado y resuelto hace ya tiempo y si ha estado arrastrándose tanto ha sido por razones fundamentalmente políticas. Para decirlo con claridad: no se planteó en anteriores legislaturas porque UCD necesitaba los votos de CiU en Madrid y CiU necesitaba los votos de UCD en Barcelona. Y el Gobierno del PSOE, agarrotado por una política autonómica carente de rumbo, de claridad y de valentía, ha dejado pudrir la cuestión de la peor manera, amagando sin dar, repartiendo puyazos, lanzando insinuaciones hirientes, pero eludiendo las posturas claras cuando había que tomarlas, como ocurrió en el propio Parlamento de Cataluña, donde solo el PSUC planteó claramente la cuestión. También han jugado aquí algunos equívocos electorales. Por eso denunciar la inoportunidad política de la querella es caer en lo mismo que se pretende denunciar, es decir: aducir una razón política contra una acción judicial. En vez de discurrir sobre la oportunidad de la querella todos deberíamos alabar el profundo sentido del deber que han mostrado los funcionarios del Ministerio Fiscal que la han promovido. Es posible que la querella naufrague ahora en el mar de los requisitos formales, pues existe todavía una enorme inadecuación entre lo que establece la Constitución y la realidad orgánica de nuestro Poder Judicial. Pero, para mí éste es un gran paso adelante en la afirmación del Poder Judicial como un sistema de justicia independiente”.

  El destino de la querella se quedó en las hemerotecas, pero reproducimos las palabras de un Jordi Pujol eufórico, reelegido Presidente de la Generalidad de Cataluña en 1984 desde la Plaza de Sant Jaume dirigida a la multitud que allí se congregó: “El Gobierno central ha hecho una jugada indigna (…) en adelante, de ética y moral hablaremos nosotros. No ellos (…) Hemos de ser capaces de hacer entender a todos, fuera de aquí, no solamente que con Cataluña no se juega y que no vale el juego sucio, sino que desde nuestra identidad de pueblo estamos dispuestos a colaborar para la construcción general del país, porque nosotros no vamos contra nadie, sino a favor de todos”.
  El 25 de julio de 2014, Jordi Pujol confiesa que: “su familia defraudó a Hacienda con una cantidad millonaria que recibió en herencia”. No hubo mención alguna al 3% que denunciara Pascual Maragall el 24 de febrero de 2005 a propósito de la sesión plenaria monográfica en la Cámara catalana tras el hundimiento del túnel del metro del Carmel en Barcelona. Maragall acusó a CiU de quedarse con el 3% de los costes de la obra pública que adjudicó cuando estuvo al frente del Gobierno catalán, pero se vio obligado a rectificar ante la amenaza de Mas ante el pleno de romper el consenso para sacar adelante la reforma del Estatuto catalán, que se hallaba en trámite de ponencia parlamentaria.
  El 31 de agosto de 2015, Felipe González escribe un artículo en EL PAÍS dirigido A los catalanes, en el que defiende la unidad de España, recordando sus tiempos de Presidente del Gobierno de la Nación, en los que en 1982, el New York Times tildó a él y a su equipo de jóvenes nacionalistas españoles.
  Un poco de hemeroteca basta para demostrar que el procés fue vaticinado por muchos pensadores, escritores, periodistas y líderes políticos. Pero en toda construcción de ficción para dotarla de realidad, el mito es previo al logos. Platón fue considerado como hijo de Apolo; a Mas se le considera hijo político de Pujol. De manera que no faltará un rapsoda que escriba el relato mitológico, en el que un Felipe González tiránico que no acepta los caprichos nazionalistas de Pujol lo expone en la plaza pública imputado por delitos societarios de Banca Catalana, pero el pueblo se rebela y en gratitud a Pujol acepta pagar su rescate. Éste decide devolver al pueblo el precio de su libertad procesal, y el pueblo se niega a aceptarlo, construyendo con el 3% del montante económico de su rescate, el procés.
  La Historia se repite como diría Marx, primero en forma de tragedia, y después en forma de farsa. En octubre de 1934 murieron 46 personas como consecuencia de la proclamación de independencia de la República de Cataluña por parte de su Presidente Lluís Companys. Todo el proceso que lidera Mas es pura farsa y comedia con la pólvora del Borbón. Pero la comedia es antesala del drama que se avecina, porque si algo ha quedado claro es que se está cumpliendo la máxima de Cambó: el fracaso de un político es pedir lo imposible, y retrasar lo inevitable. Pedir la secesión y retrasar el hacer efectivo el cumplimiento de la Ley.

 La muerte de Montesquieu de la que presumió Alfonso Guerra, ha aparcado por cuestiones políticas, las resoluciones que un Poder Judicial independiente y con separación de poderes hubiese podido fallar en una Comunidad donde se ha convertido en virtud presumir de no cumplir las leyes de Madrit.
  Sea como fuere, todo este caldo de cultivo de odio a España, es fruto de la ingenuidad de otorgar las competencias de Educación a las Comunidades Autónomas, sin aquella decisión política, como escribió Albert Boadella en EL PAÍS el 26/8/1994: “una penetración tan profunda en el tejido social no se hubiera realizado sin un caldo de cultivo propicio y abonado ya en el pasado por encomiables sentimientos ecológicos de minoría étnica, aunque también, ¡faltaría más!, por una manipulación de la historia a fin de añadir agravios y señalar culpables de lo que son, muchas veces, nuestras propias incapacidades.
  Pero el virus no inocula simplemente catalanismo, que en mayor o menor grado lo tiene ya cualquier afectado que convive desde hace siglos con esta esquizofrenia de si es más catalán que español o viceversa. El virus añade un nuevo componente que estimula los genes tribales a fin de restablecer un comportamiento tipo para todo habitante de la tribu, si quiere ser digno de ella. Este nuevo componente no está exento de peligro, ya que su acción uniformadora conlleva también una clara inducción a premiar la mediocridad, algo que se empieza a notar de forma alarmante”.
  Pujol en su plaza de Egina particular supo envolverse en la senyera; ahora Mas que cada vez es menos y más cadáver político, vuelve a refugiarse en el patriotismo cuando las investigaciones judiciales lo acechan. Pero la plaza de Egina ya no admite entusiastas del Junts pel sí, sino de una Cataluña de todos y para todos.