jueves, 6 de julio de 2017

Las manos de la amistad de Celia y María. Un icono en el Camino de Santiago.

  
 “La amistad perfecta es la de los hombres virtuosos y que se parecen por su virtud, porque se desean mutuamente el bien, en tanto que son buenos, y yo añado que son buenos por sí mismos. Los que quieren el bien para sus amigos por motivos tan nobles son los amigos por excelencia. (…) El placer y el interés pueden hacer que los hombres malos sean amigos unos de otros, y también que hombres de bien sean amigos de hombres viciosos, y que los que no son ni lo uno ni lo otro se hagan amigos de los unos o de los otros indiferentemente. (…) La amistad por excelencia es, pues, la de los hombres virtuosos. No temamos decirlo muchas veces: el bien absoluto, el placer absoluto, son los verdaderamente dignos de ser amados y de ser buscados por nosotros”.- Aristóteles- Moral a Nicómaco.
  Las manos de Mocho se distribuyen en el Camino para ensalzar la amistad, ni se compran ni se venden, únicamente se regalan. Es la forma más exquisita y noble de hacer del Camino, el otro camino. Parafraseando a Goethe, ¿anhelas lo infinito del Camino? Ve tras lo finito del Camino en todas las direcciones, y entrando en jardines, las manos de Mocho, son el tratado de la amistad del viejo Aristóteles.

 El Camino tiene su paideia, su transmisión de valores para la virtud y con la virtud la posibilidad de elevar la amistad a norma, de posibilitar igualmente la utopía de acercarnos al Otro sin miedo en los topoi del Camino, en ese locus communis. La reductio ad homo viator, caminante como clímax y/o peregrino sería como escuchar la novena sinfonía de Beethoven sin el cuarto movimiento coral, sin su desiderátum: todos los hombres serán hermanos bajo tus alas bienhechoras. You set my heart on fire.
 El Camino se hace por etapas, pero terminan siendo etapas de tu vida hasta que interiorizas que: “son siempre las palabras impacientes quienes precipitan a los mortales y les impiden gozar del maduro instante de la perfección”-Hölderling-  Son las palabras impacientes las que nos impiden gozar en toda su intensidad el Camino: mochilas, compostela, kilómetros, carreras alocadas...frente a las palabras de la lentitud, el sosiego y la intensidad que nos hacen vivir en la emoción del Camino: mamigrina, mano de la amistad de Mocho, convivencia...Recordemos que para el peregrino y el caminante lo sagrado y profano se con-funden, a diferencia del turigrino para quien esa experiencia se reduce a estampar el sello en la credencial en alguna iglesia. En otras palabras, el cerebro construye la realidad y no al revés, si pones tu cerebro en modo reptiliano la amistad que te surja en el Camino estará anudada al placer o al interés; si lo pones en modo límbico emocional siguiendo al Maestro Aristóteles te llevará a la amistad altruista y generosa.
  El Camino tiene su metafísica de las costumbres, de sus ritos. Hay ritos del camino: “El saludo jacobeo de ultreia (o ultreya) et suseia está tomado del Códex Calixtinus. Vamos más allá y vamos más arriba era el saludo de ánimo entre peregrinos. Hoy el saludo comúnmente aceptado es buen camino. Herru Santiagu, Got Santiagu, E ultreia e suseia. Deus adiuva nos. ¡Oh Señor Santiago! ¡Buen Señor Santiago! ¡Ultreia, suseia! ¡Oh Dios protégenos! ¿Qué diferencia hay entre buen camino y ultreia et suseia? Aparentemente ninguno, es una mera forma de transmitir ánimo. Pero el saludo del Codex es un encomendarse a Dios y a Santiago, y buen camino es un encomendarse a los pies. En otras palabras, una desacralización del Camino.-Vid-. Y el pulpo (entre otros). El pulpo es una criatura marina y está relacionado con la pureza, el movimiento (el camino), la concentración para superar nuestra empresa de peregrinar, la magia, la ilusión, el misterio, su estado de relajación como camino de luz y la capacidad de regeneración como un yo renovado.

  Y hay ritos que se dan en el Camino. La entrega de la mano de Mocho es el rito que abre el Camino a la amistad posibilitando que para la historia de cada peregrino, su vivencia por re-descubrir no sea un mero acontecimiento sino el pensamiento que lo expresa re-viviéndolo. En otras palabras, el ritual de la mano es la pretensión y búsqueda de la amistad por excelencia.
  Pero las manos se reparten en el Camino y cuando la entrega la hace una mamigrina con mayúsculas como María José Albergue Delia Sigüeiro a las peregrinas Celia y María, obtenemos el daguerrotipo de la amistad como icono de las manos de Mocho en el Camino (foto de cabecera de este artículo). Celia y María compañeras de trabajo y camino fueron candidatas perfectas a recibir la mano de la mano de una mamigrina en el Camino reforzando sus lazos de amistad.
  Cuando escribí el artículo dedicado a la mano de la amistad de Mocho, María José Delia me comentó que la foto de las manos unidas eran de Celia y María, unas peregrinas que habían pernoctado en su albergue y que las manos de Mocho se las había regalado ella transmitiéndoles su significado. Fue entonces cuando desperté de ciertos dogmatismos racionales cada vez que abordo lo jacobeo. Fue igualmente, mi siente el pensamiento y piensa el sentimiento particular. Una mamigrina haciéndome sentir una historia como tantas de las que uno ha vivido y ha conocido  en el Camino, pero ésta había dejado una huella en forma de daguerrotipo indeleble. Era esa imagen que vale más que mil palabras. Y contacté gracias a la mediación de María José, con Celia y María...
                                                           Celia y María.
  Sentí en ambas ese uti et frui esa sensación de que el Camino vivía en ellas y que su amistad se había reforzado, con ese reconocimiento de Celia hacia María por haberla ayudado a finalizar el Camino Inglés pese a su tendinitis y por haberla embarcado en la aventura y  haber hecho de su encuentro en el Camino su propio en-cuento, su amistad aristotélica. Los viejos Aristóteles y Santiago tienen razón, y nos empujan a buscar la auténtica amistad, y con ella a sacar lo mejor de nosotros mismos en el Camino de la vida y de la luz. Gracias Celia, María y  mamigrina María José por hacernos sentir que el Camino vive y que tiene sus latidos, su sosiego, su lentitud y su tiempo para posar para una fotografía destinada a convertirse en un icono.

lunes, 26 de junio de 2017

La mano de la amistad de Mocho. Un símbolo en el Camino de Santiago.


  “Existen muchos símbolos en el Camino, pero solo hay tres símbolos del Camino: la concha, nos lleva a Venus, a la pata de oca, al litoral; la labra de azabache, nos conduce a las litofanías, a los egipcios y etruscos, al fetichismo pagano, al arte de predecir, y el bagoo o báculo que apunta a las estrellas”.- Sánchez Dragó-. Como nuevo símbolo en el Camino, podemos incluir la mano de la amistad de José Sanchís Mocho.
  Cogida de esa mano de la amistad, camina una causa solidaria: pintando el camino en rosa en colaboración con la asociación aspanion de niños con cáncer. El novum radica en la ruptura de la tendencia de reivindicar cualquier causa posando desnudo para los calendarios -Vid.- sin distorsionar la dualidad de lo bello y artístico como sublimación de lo físico y lo espiritual del Camino: el esfuerzo y el abrazo peregrino; el dolor y la solidaridad; en definitiva el no pain, no glory.

 La idea aristotélica de que los elementos (tierra, agua, aire, fuego) podían ser transformados sugería que privando a los metales de ciertos atributos y reduciéndolos a materia prima, se les podía dar a continuación los atributos del oro. Para conseguir este fin los alquimistas intentaron descubrir un elixir, la piedra filosofal que podía actuar como un catalizador o como un fermento, como por ejemplo la levadura sobre la masa. El alquimista José Sanchís Mocho consigue que la mano solidaria transmute de color con el calor humano para mimetizarse con el color amarillo de las flechas del Camino en perfecta armonía, invitándonos a seguir la flecha y a cultivar la amistad para no perderse en el camino de la vida.
  Las manos se distribuyen en el Camino para ensalzar la amistad, ni se compran ni se venden, únicamente se regalan. Mocho canalizó toda su experiencia en el sector juguetero de Onil, en la fabrica de ilusiones y nos propuso su ¿jugamos? particular fabricándolas con un material mágico que cambia de color con el calor para que estas fichas del juego de la Oca nos lleven a la concha como símbolo del Camino. En otras palabras, la mano como símbolo en el Camino se funde con el símbolo por antonomasia del Camino.
  Y esa fusión de símbolos en el Camino con los símbolos del Camino, abren una nueva endoculturación donde la christianitas del Camino ha dado paso a su desacralización enredándose en debates como el de los kilómetros, mochilas, turigrinos y compostela. Que el Camino se abra a reivindicar causas sociales y la amistad y la solidaridad con la invención de nuevos símbolos, es uno de los caminos inescrutables del Apóstol para alejarnos siempre del lado oscuro de la fuerza. La sombra de Elías Valiña también es alargada.
  Pero para comprender una historia, hay que conocer su intrahistoria, porque además está cargada de simbolismo y de altruismo, es el coge lo que necesites, deja lo que te sobre del Camino, que en versión Mocho es coge mi mano de la amistad y deja el egoísmo. La mano comenzó a denominarse de la amistad, pero la alquimia filantrópica de Mocho quiso que se transmutase en mano solidaria cuando el Camino se empieza a pintar de rosa en favor de los niños con cáncer. A partir de ahí, la mano es un encuentro de y para los niños con la publicación de un en-cuento que se puede comprar en la mayoría de comercios de Vila-real.

  Ajeno a toda la pompa oficial del Xacobeo 99 Mocho diseña su mano en el 99 con una pretendida fusión simbólica con la venera como un onilense profesional del sector de las ilusiones de la comarca de las muñecas y el juguete, entroncando con la tradición del Juego de la Oca como un camino de luz, de transformación, en definitiva de solidaridad y amistad.

  Mocho cuenta que empezó a fabricar las manos para regalarlas en los campamentos a los niños, pero que sin duda alguna su momento de emoción inolvidable lo tuvo cuando le dio a un niño con síndrome de down que estaba haciendo el Camino con sus padres, una de sus manos. El niño lo miró y calló, pero más adelante cuando él había parado para comer un bocadillo, el niño volvió a encontrarse con Mocho y se cogió a él y lo abrazó. A partir de ese daguerrotipo emocional, siempre lleva manos para los niños.
  Podemos considerar a Mocho igualmente como un continuador del espíritu de Elías Valiña: crea un símbolo en el Camino para compartirlo en el Camino, sin merchandising. Y no podemos dejar pasar por alto que la vida y el Camino nos regalan milagros, no los mirabilia, esos milagros materiales del Camino anudados a sucesos extraordinarios que conculcan las leyes positivas como el del gallo y el ahorcado de Santo Domingo de la Calzada, pero sí de intervención humana. En el mito de Protágoras se vino a probar que una ciudad podría concebirse solo con que algunos de sus ciudadanos se dedicaran a la medicina y otros a entretener, pero que no podría sobrevivir sin que sus ciudadanos estuvieran dotados de la virtud política, es decir que poseyeran colectivamente el sentido del respeto y de la justicia. Los milagros humanos, es decir, las buenas acciones como las de Mocho, vienen a enseñarnos que no podemos vivir sin las emociones de darnos a los demás y educarnos en la virtud y la solidaridad. Sic transit. Buen Camino.

martes, 20 de junio de 2017

Uti et frui. Encuentro de peregrinos ciudad de Alcañiz.



  Llevar al Camino fuera del camino, -Vid.- es el novum de los encuentros de peregrinos como el celebrado en la ciudad de Alcañiz entre el 16 y el 18 de junio de 2017.
  Recordemos que los elementos de la peregrinación son viaje, santuario y peregrino. -Vid.- Y que por parte de los monacatos surgió en la Edad Media la idea de búsqueda de perfección que siguiendo a Jean Leclercq se hacía de dos formas para cumplir la vocación: como stabilitas in peregrinatione, como peregrinación hacia el exterior entrañando un movimiento físico de traslado de un lugar a otro; o como peregrinatione in stabilitate, como peregrinación espiritual en un medio físico cerrado. En sentido metafórico, el peregrino y el caminante tras realizar la stabilitas in peregrinatione, busca en los encuentros la peregrinatione in stabilitate. En otras palabras, las emociones del camino, se transforman en sentimientos en los encuentros.
  Hoy el Camino se ha convertido en algo difuso que da cobijo a todas las sensibilidades, pero tanto para el peregrino como para el caminante, hay un uti et frui,  como distinguiera San Agustín a propósito de su concepto del amor, como un amor de uso, de cupiditas, de deseo (uti) y el amor de gozo, de caritas, de amor por lo más profundo, entrañable, divino, fraternal (frui). El placer de hacer el camino, de hacerle el amor al camino; y el gozo de compartirlo a modo de encuentro convertido en un enCUENTO contigo, es decir con todos los caminantes y peregrinos con quienes se quiere re-vivir la experiencia. Y por supuesto la recurrente referencia de San Agustín al hombre como un ser peregrino: "Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que repose en ti", perfecta elipsis del homo viator que en sentido esotérico, gnóstico o de búsqueda, es el clímax del caminante, o en su sentido exotérico (con x), como verdad revelada, como creyente, es ganar la gloria, el reposo.
  Dejamos los conceptos, y como dice Lola Quiroga, primero cometo el error y luego ensayo, así que cometeré el error de dar un testimonio gráfico del frui del encuentro con el objeto de ensayar con toda esta introducción tan aérea.

  El III encuentro de peregrinos de Alcañiz tiene otros daguerrotipos, pero éste simboliza la complicidad, la astucia de la Idea como concepto y significado que le damos al frui de San Agustín.
  Y last but not least, hay que comenzar por agradecer a Santos Soro Val, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Alcañiz, Protección Civil y Exmo. Ayuntamiento de Alcañiz la colaboración, organización y dedicación del evento. Y a Pablo, sacerdote de Alcañiz y de esa excolegiata impresionante hoy parroquia desde el Concordato de 1851 por su punto de vista peregrino en consonancia con la que impulsara Elías Valiña en estos tiempos en los que se fomenta una pretensión de hacer del camino una mera caminata.

 Y también quiero compartir mi anécdota con Pablo, el cura de Alcañiz que nos acompañó como un peregrino más en la etapa organizada entre La Ginebrosa – Torrevelilla – La Codoñera y Torrecilla de Alcañiz. Cuando estábamos llegando al punto de avituallamiento con Santos y su mujer esperándonos con los bocadillos y el agua en un día de calor de 41 grados, y con todo el grupo muy alejado de nosotros, ralenticé mi paso, pero Pablo puso la quinta y le pregunté que por qué lo hacía, -tengo que oficiar una misa y voy con el tiempo justo- me contestó. Eso es también el camino, es decir, un salir de la rutina para posibilitar la única utopía posible del ser humano, en el encuentro con el Otro, sin miedo y sin ego.
   Les dejo este enlace de los comentarios de Facebook, que como nos enseñó Unamuno, sienten el pensamiento y piensan el sentimiento. Buen Camino.

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