martes, 16 de agosto de 2016

Marisa, la hospitalera del Camino del Salvador.


  Un grafiti en las calles de Logroño le insinúa a los peregrinos que el Camino se hace por tapas y no por etapas. Es una forma de decir que para hacer el Camino necesitas alimentarte bien, e implícitamente, es un reconocimiento que todo peregrino debe hacer a las personas que están ahí prestándole su ayuda. Hoy como ayer, el Camino es una cadena humana donde el peregrino pone sus pies, sus ilusiones, sus sueños, sus promesas, su corazón y sus deseos de resetearse, o simplemente sus ganas de aventura, u otros fines, y los hospitaleros y demás personas que prestan su ayuda y servicios, su manita.

  Hay también otra forma de hacer el camino buscando esos sitios con encanto que son determinados albergues, bien por el espacio de convivencia que encuentras, por su ubicación, o por la personalidad de sus hospitaleros. Marisa, la hospitalera de Pajares, es con mayúsculas, la hospitalera del Camino del Salvador. A diferencia de Jato, Resti o Tomás el Templario, su hospitalidad no radica en escucharla reflexionar sobre la peregrinación, ni en ningún tipo de liturgia o ritual, sino en su capacidad de convertir en filosofía su forma de sublimar el cariño que da a los peregrinos entre ollas y atenciones. Decía Santa Teresa, que la verdad consiste en vivir en la humildad, y esa es la verdad que aprehendes de ella, que la sencillez es vivir en la verdad, y vivir en la verdad es una forma de interiorizar el camino. En esas cumbres duras y exigentes, que igualan a todos los peregrinos porque te desnudan, te enfrentan a la naturaleza, te dejan ensimismado, y te obligan a caminar con los cinco sentidos, sin posibilidad de que la mente divague, descubres cuando llegas al albergue, que hay poesía en el Camino, y que hay poesía en ti porque Marisa, con esa mirada maternal cobija al niño que ha estado totalmente indefenso en la montaña. Ese es el momento irrepetible del Camino del Salvador, cuando Marisa se pone el mandil y te sirve la comida que le encargaste el día anterior desde Poladura de la Tercia y percibes que es feliz haciendo de la hospitalidad una forma de entender la vida.
  Marisa en castizo, es lo que ves, una mujer transparente, es el alma de un albergue lleno de objetos de todo tipo que los peregrinos le han regalado en señal de reconocimiento y gratitud y cuando subes a la planta de los dormitorios percibes que entras en la zona cero de la montaña que las pisadas de los peregrinos han convertido en solar de paz y descanso.
  El peregrino también necesita ternura, y la entrañable Marisa cumple la máxima de Teresa de Calcuta: “No permitáis que nadie venga a vosotros y se vaya sin ser mejor y más feliz”. Aunque entres en el albergue de Pajares con tu mente en el lado oscuro, no echarás a perder el placer que te procuran las cosas sencillas de la vida en ese rinconcito del Camino.
   Como afirmaba Freud, “el deseo explica por qué algunos hombres aman el dolor: ¡es un paso hacia la aniquilación!, y ello explica por qué el ser humano busca el sosiego”. El Camino quedaría incompleto si nos faltara la libido, la joie de vivre, las ganas de confraternizar, de hacer amistades, y toda expresión de amor en sentido extenso. Esas son las sinergias que percibes en la hospitalidad de Marisa, a fin de cuentas, los caminos del Señor son inescrutables y en complicidad con el Apóstol, se las ingenia para que curves el Camino en León porque quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no al Señor. En Pajares, las curvas del Camino, son  curvas de mujer.
  Marisa ha creado un espacio donde el paisaje, el paisanaje de los lugareños que acuden al albergue a jugar la partida y a platicar, y los peregrinos se funden en un daguerrotipo idílico. Su hospitalidad ha sido reconocida en el V Premio de Cultura de los Caminos de Santiago que convoca el Ayuntamiento de Regueras de Arriba, pero tal vez una pareja de norteamericanos que pernoctaron en el Albergue el 12 de julio de 2016, respondan mejor que nadie en qué consiste la generosidad de Marisa. Cuando les pregunté por qué les gustaba el Camino y España, sin necesidad de meditar, me respondieron: es muy sencillo, en este Albergue solo encuentras kind people.
  Querida Marisa, sencillamente, los peregrinos te queremos porque obras ese pequeño milagro de convertirnos en nuestra estancia en Pajares en kind people.

 Post scríptum. Mi reconocimiento a la guía del Camino del Salvador de José Antonio Cuñarro y a su esfuerzo por mantener el Camino señalizado y haber colocado junto a un grupo de amigos, la Cruz del Salvador en el Alto de los Romeros el 22 de septiembre de 2012. La guía me sirvió de ayuda, la cruz de contemplación y de paz.

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