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viernes, 23 de febrero de 2018

La mona del zoo de las pocitas de Almodóvar

 Puertollano dispuso de un pequeño zoo durante unos veinte años (finales de los 50 hasta finales de los 70). Estaba ubicado en La Rincona, popularmente conocida como las pocitas de Almodóvar para diferenciarla de las pocitas del Prior de la carretera de Argamasilla. Había un jabalí, un zorro, ciervos, cuervos, urracas, cigüeñas y la mona de las pocitas. 
 Como sentenció Valle Inclán, las cosas no son tal como son, sino como las recordamos. La memoria siempre es subjetiva, las crónicas, la Historia, los acontecimientos...se escriben o no y se interpretan, y se reinterpretan, pero no tienen memoria, otra cuestión sería la pretendida objetividad del historiador, pero como demostró el círculo de Viena es imposible ciencia, sabiduría, conocimiento u opinión alguna fuera de un marco de valores. Tan solo se puede aspirar a que las conclusiones del investigador no estén dirigidas a falsear la verdad, el rigor, o el método empleado y sus fuentes.
  En la memoria de mi infancia el recuerdo de la mona de las pocitas, está anudada a una leyenda urbana infantil: la mona, había logrado escapar de su jaula y esconderse en el Circo Mundial que en las ferias de mayo se instalaba en una gran carpa en Puertollano. En otras palabras, fuimos pioneros de la nueva sensibilidad en la ética de la compasión a los animales fabulando un happy end de nuestra mona feliz y abrazada a otros chimpancés. 
 A diferencia de otros animales mediáticos de zoo, Chu-Lin o Copito de Nieve, nuestra mona solo existe en la memoria de los puertollaneros, sin hemerotecas, vídeos de youtube, efemérides ni homenajes. Pero nuestra mona simboliza la lucha por el reconocimiento de las especies en los parques zoológicos. El corazón nunca se equivoca, y el paisanaje de mi pueblo siempre muestra su mejor condición: la confianza antropológica que te da afirmar y afirmarnos que somos buena gente.
 Los animales que aún vivían cuando se cerró el zoo fueron llevados al de Madrid, pero con la carta de derechos de los animales negociada por nuestra mona. La mona de las pocitas vive en nuestros corazones, en nuestros recuerdos de tardes de bocata de tortilla y bebida del bar de la Rincona. Éramos pobretes pero alegretes como afirmó Vázquez Montalbán, teníamos guasa en lugar de whatsapp y nuestra mona nos obligaba a hablar entre nosotros mientras nos enseñaba que todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia, a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.



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