sábado, 25 de junio de 2016

Elías Valiña, la flecha amarilla de la Calle Mayor de Europa.

 En el año 1988 conocí a D. Elías Valiña. Era agosto sobre el día 20. Esa noche dormimos 13 peregrinos en una palloza. Se apilaba la paja y tirabas el saco. Se dormía de lujo, a temperatura ideal. Antes de irnos a descansar, preparó una queimada y compartimos la cena. Recuerdo que  llevaba alzacuellos, y vestía  pantalón y chaqueta negra, era un cura muy hablador, y tenía pasión por el Camino y estaba muy bien documentado, sabía todo sobre el Camino, se notaba que lo vivía y le brillaban los ojos. Estaba a gusto hablando de sus planes y de su pasión por el Camino. En aquél año no había ni un bar ni una tienda, el Cebreiro era una aldea, pero haber podido dormir en la palloza es de esas experiencias que no olvidas”. -Joaquín. Peregrino y poetastro de la imagen-.
 “Elías Valiña Sampedro nació en 1929 en la aldea de Mundín, parroquia de Santa María de Lier (Sarria, Lugo). Fue ordenado sacerdote en 1953 y en 1959 nombrado párroco de O Cebreiro, cargo que desempeña hasta su fallecimiento en 1989. Gracias a sus gestiones, en 1962 O Cebreiro es declarado Monumento Nacional. En 1965 defiende su tesis doctoral: El Camino de Santiago. Estudio histórico-jurídico, en la Universidad Pontificia de Salamanca. En 1982 publica con la Secretaría de Estado de Turismo la primera edición de su famosa guía roja: Guía del Peregrino. El Camino de Santiago, que en 1985 reeditará Everest. En la década de los 80 se apoyará en una red de colaboradores y señalizará con flechas amarillas el Camino de Santiago, y en Cebreiro habilitará una palloza como refugio de peregrinos. En 1985, convocados por el arzobispo de Santiago monseñor Rouco, se celebra en Compostela un encuentro de sacerdotes y laicos sensibilizados con la cuestión jacobea, quienes encomendaron a Elías el cargo de ‘Coordinador-Comisario del Camino de Santiago’, que éste asumirá recorriendo parte de la geografía española animando a la creación de asociaciones jacobeas y llevando a todos los interesados a Jaca en 1987 para celebrar el I Congreso Internacional de Asociaciones Jacobeas, germen de la Federación Española y de la revista Peregrino. Entre 1985 y 1987, como coordinador, Elías editará el Boletín del Camino de Santiago, publicación que da cuenta del naciente movimiento jacobeo de esos años y en cuya última entrega (nº 13, Julio-Agosto 1987) aprovecha la página final para advertir de dos novedades que habrá de traer Jaca: la sustitución de su Boletín… por el nuevo boletín ‘El Peregrino’ (labor que asumirá José Ignacio Díaz) y el nombramiento de un ‘nuevo Coordinador’ que a él le sustituyera (función que asumiría Angel Luis Barreda). Y Elías se retiró ante la sorpresa de todos a su Cebreiro y a sus libros, pero la enfermedad hizo rápida presa en él y en 1989 fallecía a los 60 años, reposando sus restos en el Santuario de Santa María la Real de O Cebreiro”. Fuente.


  El peregrino para Elías Valiña es “aquella persona que está de viaje en lugar sagrado”. El hombre como viajero, caminante o peregrino, es homo viator. ¿Qué entraña esta sinécdoque, ¿qué el hombre está siempre en camino? Propiamente solo podemos predicar del hombre su condición de viator desde una perspectiva teológica. En palabras de San Agustín: “Señor nos has hecho para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, en definitiva, el fin del viaje del hombre está en Dios. Homo viator requiescat in pace.

  La condición de homo viator de viaje en lugar sagrado, es el primero de los conceptos esenciales del Camino que nos legó Valiña; el otro, entronca con Goethe, el Camino es el elemento de unión de las naciones de Europa, y con el Grial y Wagner: “El Cebrero con su milagro ha proporcionado el tema a Wagner para la composición del Parsifal. Así el famoso país de Parsifal es Galicia, el templo indestructible sito en la montaña: el Santuario del Cebrero y el Grial misterioso, el cáliz del Cebrero”.Elías Valiña Sampedro.
   Y en el orden de los legados, Valiña nos ha dejado sus guías y estudios, sus flechas amarillas sin derechos de autor, y la organización de asociaciones del Camino de Santiago.
  En el I Congreso Internacional de Asociaciones Jacobeas de Jaca de 1987 y bajo la dirección organizativa de D. Elías, se acordó el modelo de credencial: “Si bien es cierto que la credencial del peregrino no pretende sustituir, ni incluso consolidarse como lo que en entendimiento clásico pudiéramos denominar carta de presentación, sería deseable que la utilización y el ser portador de la misma, pudiera ofrecer unas mínimas garantías de apoyo y de ayuda por parte de las Instituciones de atención al peregrino y muy especialmente de las Asociaciones existentes a lo largo del Camino. (…)
 Es plausible lo hecho hasta la fecha en torno a este tipo de documento y que ya están circulando en nuestros días y desde hace varios años, se trata pues de unificar los varios existentes en un modelo único. Con la experiencia somos conscientes del interés y la importancia que el peregrino concede al hecho de ir recogiendo el sello, ya en parroquias, ya en otras instituciones, que se estampan sobre el documento, acreditando su paso por un lugar determinado de los pueblos, villas y ciudades que jalonan el viejo y poético Camino de Santiago. El peregrino, a medida que se acerca a Compostela, va llenando su credencial de esos sellos identificativos de su caminar. Cada sello es un jalón más de la ruta, un paso más del peregrinaje, un acercamiento en la distancia que le separa de la meta común perseguida por todos: dar el abrazo al Apóstol. (…)
  Proponemos a los asistentes a este Congreso Internacional del Camino de Santiago, unificar las credenciales y carnés existentes en uno”.


  Elías Valiña fue también el defensor del Camino como medio de reconversión del corazón y de la vida espiritual. Cuando los peregrinos manejamos conceptos como interiorizar el Camino o camino de luz y espiritualidad somos deudores de él porque su pasión auténtica fue el ser humano, y nos ha contagiado su actitud: en el Camino todos somos iguales sin distinción de raza, sexo, estatus, etc. y nos encontramos y abrazamos, sin miedo. El deja lo que te sobre, coge lo que necesites, como máxima anónima y generosa sin copyright como las flechas amarillas, es el Espíritu de D. Elías.

 “El sueño del Camino de Santiago se resume en un pequeño cura armado de botes de pintura amarilla, conduciendo estrafalarios automóviles, preparando invasiones, movilizando conciencias, espabilando almas dormidas, apostrofando autoridades inanes, despertando la antigua ilusión: un Camino abierto y libre para todos, un Camino al alcance del más humilde de sus peregrinos, una autopista de tierra por donde, de nuevo y como en los siglos, transitara lo mejor de la vieja Europa buscando una tumba en los confines del Finisterre”. -José Antonio de la Riera Autrán-.
  Pero, ¿qué ha ocurrido para que el alma mater del Camino haya quedado relegado a homenajes y actos protocolarios? En otras palabras, ¿por qué en la cultura del Camino, salvo para estudiosos y veteranos, D. Elías es una figura desconocida? A mi juicio, se ha cumplido la Ley de Gresham. La circulación en exceso de mala literatura-moneda ha expulsado del mercado a la  buena literatura-moneda de D. Elías que ha terminado fundiéndose en el Camino como valor seguro para quienes aparte de los turigrinos, deportistas e interesados en el Arte, entienden el Camino como una búsqueda de la espiritualidad y de un yo renovado.
  La pretensión de conocer la esencia del Camino de Santiago, su mística, su esfuerzo, sus vivencias, su espiritualidad...leyendo sus best sellers, es la misma que pretender conocer el Everest con un atlas de geografía. D. Elías, como Platón a su filosofía, imbuyó el Camino con la astucia de la Idea: flechas amarillas para invitarnos a nuestro viaje interior ultreia hasta la tumba del Apóstol, y solo la Idea desnuda, es capaz de captar la esencia del Camino. Ese es a mi juicio el instante que todo peregrino ha de captar en su selfie, el que captó D. Elías sin novelar el Camino.
  Esta dedicatoria a D. Elías incluye sus licencias, su analepsis y su prolepsis, porque propone viajar por su legado. Cuando Valiña comenzó a estudiar los trazados originales, tuvo que delimitarlos, señalizarlos, hacerlos transitables e implicar a Autoridades, voluntarios y Asociaciones. Entre finales de los 70 y de los 80 del siglo XX emprende la señalización del Camino Francés con flechas amarillas. "El porqué de este color, símbolo actual del recorrido jacobeo, habría que buscarlo en tres razones. La primera, porque tienen una buena visibilidad. La segunda, porque en el país galo, de donde proceden un gran número de romeros, no había entre los colores con los que se señalizaban las rutas de senderismo el amarillo. Y la tercera, porque para la primera partida Valiña utilizó botes de pintura que se empleaban para marcar carreteras y que eran de ese color. Para la historia queda una famosa anécdota protagonizada por el párroco en los Pirineos.Tras pararlo la Guardia Civil mientras se hallaba con un bote de pintura amarilla en la mano dibujando llamativas flechas, le preguntaron que qué estaba haciendo en ese paso fronterizo.-Preparando una gran invasión desde Francia- fue la respuesta. Tras llevarlo al cuartel, todo se aclaró". Fuente.
  Pero tal vez nadie mejor que Laurie Dennet nos transmita mejor que nadie el legado de D. Elías. Tras haber sido palmera, romera y peregrina y haber completado las tres peregrinaciones cristianas por antonomasia de Jerusalén, Roma y Santiago, en 1989 después de conocer a D. Elías, quedó enganchada al Cebreiro y se unió a la Confraternity of Saint James, asociación británica que actualiza todos los años las guías para peregrinos de habla inglesa. -Las rutas de Jerusalén y Roma están difuntas. Solo la de Santiago está viva y el que más contribuyó a ello fue mi amigo Elías. El Camino está vivo y no solo por las flechas amarillas sino por cómo quería a los peregrinos-, afirma. Vid.
  A Goethe se le atribuye la sentencia Europa se hizo peregrinando, sin que tal expresión se recoja en ningún documento de su legado como afirma la Sra. Almut Lessmann responsable de la Biblioteca del Goethe Institut; al igual que ocurre con Calle Mayor de Europa atribuida al Emperador Carlos V. Ambas expresiones deberían de atribuirse a D. Elías, él mejor que nadie comprendió que la invasión que preparó, construiría la Europa de los Erasmus, el interrail y el Acuerdo de Schengen, conectando a las nuevas generaciones de europeos con las medievales en un viaje intemporal del Espíritu hacia el confín del occidente para abrazar al Apóstol.




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